Los mexicanos somos personas de lo más extrañas. Uno saluda a un conocido en la calle y existe un 75% de probabilidades de que en la conversación aparezcan palabras como «quiubo», «pinchi», «cabrón», «putas», «rolas», «huevos», «lácteos» y «tu madre».
Podría ser peor, por lo menos aun no llegamos al punto donde todo se habla con «k» y a un máximo de 130 caracteres como se acostumbra en la nueva versión de Internet. Y eso es algo de lo que me siento profundamente agradecido con la vida.
Pero, regresando al tema original, si tomamos a esas mismas personas mencionadas al inicio de este post y las ponemos a redactar una cotización o una circular empresarial, nos encontraremos con frases del tipo denominado «domingueras» que ni siquiera el señor que escribió el Himno Nacional Mexicano se hubiera atrevido a pensar:
«Atendiendo su amable solicitud, agradezco de antemano la oportunidad para que este su humilde servidor bla bla bla bla bla…»
«Le reitero las seguridades de la más distinguida de mis consideraciones»
Son algunas de las frases barrocas y megalómanas que circulan entre los empresarios y burócratas. Y estarán de acuerdo conmigo que andar diciendo que la consideración de uno es distinguida, es ya decir mucho. ¿Porque no nos despedimos como lo hacemos en la vida real diciendo simplemente «adiós» o «hasta luego»?
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