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La Tomatina 2011

Una tradici√≥n que atrae a miles de j√≥venes de todo el mundo, a acampar, hacer desmadre y tomar cerveza como cosacos es la Tomatina, en Bu√Īol Espa√Īa. Es interesante ver que una tradici√≥n de como esta ha perdurado, y que a pesar de los tiempos no ha tenido mucha variaci√≥n.

Madrid ‚ÄĘ La localidad espa√Īola de Bu√Īol libr√≥ su c√©lebre batalla de tomates, la Tomatina, con cerca de 45 mil j√≥venes procedentes de todo el mundo que se enfrentaron por las angostas calles de la poblaci√≥n agotando una munici√≥n de 120 toneladas de esta hortaliza.

Las arengas para esta pac√≠fica guerra que acontece cada √ļltimo mi√©rcoles de agosto desde 1945 comenzaron en la tarde del martes con una serie ininterrumpida de fiestas, bailes y conciertos que convirtieron la noche en ma√Īana en Bu√Īol, en la mediterr√°nea provincia de Valencia, este espa√Īol.

Despu√©s, un breve reposo en coches, parques y sacos de dormir en plena calle, lo m√°s cercano posible al recorrido de los camiones cargados de tomate que marcan el devenir del gran d√≠a de Bu√Īol, que ha convertido una gamberrada callejera ocurrida hace 66 a√Īos en un acontecimiento internacional.


Y apenas unas horas antes del comienzo, este pueblo se convierte en un crisol de nacionalidades con jóvenes que deambulan expectantes entre puestos de comida, bebida, ropa, improvisadas consignas para cobijar pertenencias y vendedores de gafas de buceo, la protección ocular de los más precavidos.

El vestuario de los participantes se divide entre el uniforme cl√°sico de camiseta blanca y pantal√≥n corto, todo desechable ante una previsi√≥n de desastre textil, y la osad√≠a del disfraz, tan dispar como pretenda la imaginaci√≥n, que hoy se ha decantado por luchadores mexicanos, hawaianas de pelo en pecho y egipcios de t√ļnica blanca.

Una hora y media antes del desenlace, el centro del municipio se satura con una multitud expectante de la que parten gritos en todos los idiomas, y que presta su tiempo de espera a cualquier entretenimiento, entre ellos la guerra de camisetas mojadas, prohibida por la autoridad municipal, mientras los vecinos alivian su calor arrojando cubos de agua desde los balcones.

Como suele suceder en estos casos, la prohibici√≥n fue ignorada, y la polic√≠a espa√Īola tuvo que intervenir en numerosas ocasiones para pacificar algunas situaciones violentas caracterizadas por el destrozo de prendas de vestir.

No obstante, estos conatos de rebeld√≠a popular, aplacados con desalojos por un dispositivo de seguridad que este a√Īo ha duplicado su n√ļmero de agentes, fueron los √ļnicos incidentes de una jornada en la que los servicios m√©dicos atendieron una veintena de desvanecimientos y otros padecimientos leves, como irritaciones oculares, seg√ļn informaron fuentes municipales.

Todos los esfuerzos de vestimenta, posicionamiento y entereza quedaron destruidos con el disparo del cohete que anuncia el comienzo de la batalla, el √ļnico proyectil cargado con p√≥lvora.

Cinco camiones rebosantes de tomate irrumpieron por las calles principales entre muchos nervios y demasiados empujones, y entonces el pueblo estalló en rojo.

Los tomates volaron de un sitio para otro sin enemigo ni objetivo concreto. Personas próximas o lejanas, espectadores e invitados oficiales en ventanas, periodistas y fotógrafos, cualquier diana es válida en un espacio que poco a poco se convierte en un estanque de salsa triturada.

Este ejercicio de histeria colectiva fue grabado, fotografiado y contado por medio centenar de medios de comunicaci√≥n, algunos de ellos procedentes de Ucrania, Taiw√°n, Jap√≥n o China, pa√≠s este √ļltimo en el que la fiesta popular de Bu√Īol ha adquirido una gran fama, llegando al punto de ser imitada.

Tambi√©n hubo espacio para la aventura f√≠lmica. La “Tomatina” fue la primera imagen que se vio en la √ļltima edici√≥n del Festival de Cine de Cannes, gracias a la pel√≠cula “We need to talk about Kevin”, y hoy sirvi√≥ de incierto escenario para el rodaje, por segundo a√Īo consecutivo, de escenas de un largometraje de la factor√≠a Bollywood.

Sesenta minutos después del primer disparo, otro cohete puso fin a esta guerra mundial de hortalizas dando paso a otra batalla: la que emprenden los propios vecinos y sus servicios municipales de limpieza para curar las heridas que sufren aceras y fachadas.

Hace muchos a√Īos, cuando era una fiesta reservada, los participantes marchaban juntos al r√≠o para despojarse de los restos de tomate. Hoy en d√≠a prefieren las duchas port√°tiles habilitadas junto a la piscina, pero ninguna de estas dos aguas borra el esp√≠ritu de la “Tomatina”, una locura imposible de imaginar en otro pa√≠s.

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5 thoughts on “La Tomatina 2011”

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  2. Artemiso dice:

    todo lo referente a fiestas y pendejadas espa√Īolas me dan un chingo de huevaaaaaa……… mas aun que todo lo referente a los beatles…….

  3. Radiohead dice:

    a mi tambien me da hueva, pero a√ļn as√≠ lo le√≠ ya que ando con insomnio, pinches chinitos se piratean hasta la tomatina… jaja

  4. Artemiso dice:

    insomnio ?? montante a tu vieja radioheadddd……… lo que ???……

  5. Radiohead dice:

    Pues por el momento no hay mi estimado mig, pero mejor llamare a mi amiga cogelona.

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