LLegó el 2006, y eso sólo quiere decir una cosa: Año Electoral. Los años electorales son divertidos e impredecibles; escándalos y videoescándalos, complots y complós, amenazas de devaluaciones y/o asesinatos. Siempre hay algún lugar a donde voltear, nomás hay que estar vivito paâ?? no perdernos de la acción. Lo malo es que cuando quieres buscar acción, hay algunas cositas que no te dejan ver bien: La molesta propaganda política que inunda las calles de nuestras otroras bellas ciudades 😉 de basura. Basura literal e ideológica que solamente cuesta millones y millones y que al final no sirve para nada. De esto ya se ha hablado con anterioridad y realmente es el cuento de nunca acabar. Mientras sigamos viendo pendones de un candidato a senador colgados cada 3 metros de distancia, nos seguiremos quejando. Es parte de nuestra naturaleza social, creo.
Como mientras tanto sólo nos queda burlarnos de la idiotez con la que se tira el dinero en insípidas campañas políticas, quien escribe se ha dado a la tarea de viajar por diferentes ciudades de México (guiño) exclusivamente (guiño) para encontrar el anuncio político más ridículo de todo el país. La tarea no ha sido fácil, no por falta de propuestas, sino por exceso de ellas. Una conclusión temprana podría ser que no importa dónde estés, la cara de menso de algún político te perseguirá hasta los rincones más reconditos de la nación. Pero mejor que cada quien lo vea con sus propios ojos y así se pueda decidir en que ciudad de México se vive más intensamente la â??pasiónâ? electoral. A continuación, las dos primeras paradas de nuestro recorrido.
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