Sr. Presidente Vicente Fox Quesada, le acompañamos en su dolor y le expresamos nuestro mas sentido pesame por el fallecimiento de su Sra. Madre, Mercedes Quesada Etxaide.
¿Cual sabe mejor?
Encontrabame yo, pisteando en mi humilde casa… que como ya saben todos ustedes, es su casa; cuando vino a mi, una muy peculiar duda: ¿Cual cerveza sabe mejor, la mediana o la caguama?.
Digo, puede ser una pregunta simple, pero les aseguro que a mas de uno, esta duda le ha causado controversia en alguna peda pitera.
Yo por mi parte, en mi humilde y sincera opinion, creo que la cerveza en caguama* sabe mas chingon que la de media. No se; su textura, su sabor, su nivel gaseoso, su precio…Â entre muchas otras cosas, hacen que la prefiera sobre la media.
Cierto, en muchas ciudades consideran tomar caguama, muy de albañil, pero, ¿ustedes que opinan?.
*Se toma para la muestra, un «benchmark» entre la cerveza Leon de media y la caguama.
Reventon Norteño de Canal 6
Entre las cosas mas bizarras que he tenido oportunidad de ver por TV existio este programa que se llamaba Reventon Norteño que transmitia Canal 6 la televisora del gobierno del estado de Sonora, por alla en los años 80’s. A falta de una cultura del Rock y teniendo como espacio para la difusion de este solamente el programa Estacion Rock que transmitia en Radio Sonora. Estacion Rock que era producido por Claudio Laguna fue por un buen rato el unico espacio desente para oir musica. Pero eso si la raza tenia su Reventon Norteño con el cual desahogaban todos sus deseos de danzar.
Entre las cosas mas recalcables es que el folklorico personaje de sombrero con el numero 4, es el famoso Frijolitos Pintos, que se convirtio en un conocido violador de menores que segun dice la leyenda fallecio purgando su condena en el CERESO local.
Asi es esto de la TV en Hermosillo, Sonora. En el canal 12, que era la franquicia de Televisa en hermosillo, por varios años la programacion de caricaturas se baso en solamente 4 capitulos del hombre araña, y otros 3 de Flash Gordon, lo mas nefasto es que le persona encargada de videotape ha de haber creido que transmitian esto a gente sin cerebro por que nadamas metia el tape y presionaba «play» llegando en muchas ocasiones a repetir varios dias el mismo episodio.
Dios bendiga a Megacable!!!!
El conteo final…

No, no se trata de campañas presidenciales, desafortunada ó afortunadamente me considero una neófíta en ese tipo de temas por eso yo mejor ahi ni digo nada.
Pero bueno, ayer en la noche estaba viendo un programa en la tele
en un canal de videos, no sé si ya alguno de uds. lo haya visto, creo que lo han pasado un par de ocasiones, eran las
«40 canciones más horribles en la historia del metal»
estaba botada de la risa con algunas de las rolas y algunos de los grupos, cuando veia fragmentos de los videos de dichas canciones, mi mente se remontó a aquellos años en los que coleccionaba religiosamente la revista «Circus» ó cuando le volaba a algún amigo las portadas de la «Rolling stone» recordé cuando pegaba a un lado de mi cama posters de Rick Savage y de Joe Elliot.
Posters que por cierto la mascota de mi hermana se desayunaba.
En muchas de las rolas que pasaban si estuve totalmente de acuerdo, en otras no tanto y en unas de plano no 🙂
será porque algunas rolas fueron consideradas muy buenas en sus tiempos.
Por ejemplo pusieron una de Cinderella la de «Nobody’s fool» y la verdad esa rola esta chida!!! cómo balada esta chida, pero bueno si tomamos en cuenta que en el heavy metal no se debe de cantar sobre corazones destrozados ni novias que te mandan al cuerno pues entonces la rola si la etiquetaron como muy jodida.
Luego pusieron una de Whitesnake la de «here I go again»
también esta chida pero bueno cómo igual es una balada de un bato que llora por el amor perdido po’s que le dan tache, igual a varios masters y mounstros del metal los pasaron por las armas, cómo a los maestros de KISS
que me les dan tache por esa rola de «Put the X on the sex» jajaja que me los critican, igual con otra de sus canciones que se llama «Forever» y que fué compuesta en parte por Michael Bolton, luego que llegan los de Poison
idolos del Juan Loko! con su «Unskinny Bob» y que me los tijeretean machin por la rolita, jejeje para empezar el titulo
no es metalero, decian los criticos en el programa
que ese titulo mas bien parecia marca de goma de mascar.
Donde si no me gustó fué que también le dieron tache a Scorpions con «Wind of change» esa rola si esta bien a todas madr!sss!!! pero en fin según los criticos una rola metalera no debe de ir chifladita ni mucho menos
chaleeee!!!
Al final del conteo de las 40 canciones, la que se llevaba el número 1 y las palmas
por ser una rola que no tiene nada de metal
es la del grupo Europe con su «Final countdown»
ahi si que ni hablar, esa cancioncita no tiene nada de heavy metalera y luego con ese intro de sintetizador tipo guerra de los planetas o algo asi por el estilo que feo caso! chaleee pues no!!
De acuerdo a los criticos los chicos de Europe sólo eran unos remedos ojiazules y bonitos de los verdaderos grupos de rock de aquellos tiempos cómo lo eran y lo siguen siendo Montley crí¼e, Black Sabbat, Pantera, Antrax, Scorpions, etc.
Este próximo martes van a tener las 40 mejores rolas del metal, para los que quieran ver el programa ahi en el VH1
anuncian a grupos como Judas priest, Ozzy, Black Sabbat, Dio, Scorpions, Kiss, AC/DC y varios más por los que quieran recordar aquellos tiempos y esos videos
de antaño.
IMAGINANDO LO PEOR
Faltan tres días para que se acabe este «suplicio» de las elecciones elecciones presidenciales y continuando con el tradicional Spam, que tanto perturba las intachables conciencias de algunos amables comentaristas frecuentes, les comparto una historia que circula desde hace meses. Yo la vi por primera vez en el blog de Eduardo Ruiz Healy, comentarista de RadioFormula.
«Invito al lector a que haga conmigo un ejercicio de imaginación. Para ello, le pido que me siga paso a paso y que me permita llevarlo en un viaje por el tiempo: Imaginemos que estamos en el momento preciso de la elección presidencial, es más, ubiquémonos en el día previo al que democráticamente, la nación manifestará su voluntad para decidir quien será el presidente de la República. Todo el país está a la expectativa, pues la campaña electoral ha sido no solo efervescente sino hasta angustiante, con no pocos roces y golpes bajos, difamaciones y calumnias entre los contendientes, empeñados todos en conquistar el favor del electorado. Tres han sido los candidatos que han competido en esta elección. Para identificarlos, asignémosle a cada uno de ellos una letra. Tendremos así al candidato A, al candidato B y al candidato C.
Digamos ahora que el candidato A es el favorito del presidente de la República en turno; descaradamente, el jefe del ejecutivo ha hecho campaña a favor del candidato A, que es su candidato y el del partido en el poder. Pero no solo eso: se sabe que el candidato A, aprovechando su posición relevante como secretario de estado, ha creado redes de partidarios por toda la nación, financiadas, se dice, con el erario público. ¿Quién es el candidato A? La verdad que es un advenedizo, con pocos años de experiencia política. Ya participó en una elección pero fue derrotado. Sin embargo, al perder, salió ganando porque fue invitado al gabinete presidencial desde donde preparó por largo tiempo su candidatura. El candidato A es de buena y aristocrática familia, su apellido es de abolengo y sus finas maneras y educados modales llaman la atención. El presidente en turno, literalmente, lo adora, y como él no ha podido con el paquete de hacer avanzar al país en esta primera oportunidad de un gobierno democráticamente electo, está seguro que el candidato A si podrá hacerlo, máxime que se trata de un hombre distinguido y con buenas relaciones.
Veamos ahora al candidato B. í?l es en realidad, un emisario del pasado, representante del régimen aplastado por la voluntad nacional. No oculta su predilección, públicamente reconocida, por las virtudes y bondades que tenía el antiguo orden de cosas. Es más, pregona que solo hombres como él tienen la capacidad y la experiencia de gobernar a este país que necesita de la tutela de gobiernos un tanto autoritarios. Personalmente no vale gran cosa, pero tiene la ventaja de que los hombres que en el pasado gobernaron ya no son nada en el horizonte político mexicano, cartuchos quemados diría en su lenguaje peculiar. El candidato B está orgulloso de su militancia tricolor, seguro de que la enseña patria pertenece por derecho a él y a los que forman su partido, en el que, aunque las disputas internas lo corroen, lograron ponerse de acuerdo para postularlo a la elección presidencial, con la creencia de que el prestigio que les da el llamarse defensores de la independencia y de la soberanía, les atraerá el número de votos suficientes para recuperar el poder y volver triunfantes al palacio para retornar a los modos y costumbres políticas de antaño. El candidato B abomina del presidente en turno, del candidato A y del partido que lo apoya, porque cree que son arribistas que por casualidad se adueñaron de la presidencia de la República, por lo que debe arrojarlos de ella y reconquistarla para quienes se sienten los verdaderos representantes de la nación mexicana.
Pero el candidato A y el candidato B tienen algo en común y no solo el hecho de que sus dos respectivos partidos se han entendido más o menos bien en algunos temas de interés nacional: deben vencer al candidato C y a su partido. El candidato C es un hombre con pocas luces, con gran dificultad para hablar, con ideas francamente peligrosas, calificadas de populistas. Dicen sus partidarios que es el ídolo del pueblo, que lo aplaude y lo sigue porque es parte de ellos, porque habla como ellos, porque piensa por ellos, porque sus propias limitaciones lo hacen sentirlo como si fuera de ellos. El candidato C no oculta sus deseos de ser presidente. En un hombre ambicioso que se ha rodeado de las más despreciables figuras políticas, cuyas ideologías son abiertamente contrarias al interés de una nación que acaba de obtener sus derechos y que está aprendiendo a ejercerlos. Los hombres del candidato C tienen además fama de corruptos, de ineptos y de aborrecer a las clases sociales acomodadas.
El candidato C amenazó con el estallido social si se le obstruía el acceso a su candidatura presidencial, por lo que, a pesar de que podrían haberlo metido a la cárcel, lo dejaron libre, con la intención de derrotarlo en las urnas. Por su parte, los hombres de su partido, formado esencialmente por tránsfugas de los otros partidos y por viejos luchadores de causas populares, no aceptan transacción alguna: quieren el poder absoluto para imponer sus ideas y para transformar al país conforme al modelo que imperativamente, aseguran, es el que desea la mayor parte de la población, aquella parte formada por los pobres y los desposeídos.
Imagine ahora conmigo el amable lector, que llegamos al día de la elección y que al filo de la media noche se dan a conocer los resultados. ¿Quién ganó en este escenario imaginario? Nada más y nada menos que el candidato A, quien obtuvo el 45% de los votos. En segundo lugar quedó el candidato C, con el 35% de los sufragios y por último, el candidato B solo alcanzó el 15%. En el conteo final, un 5% de votos fue anulado. Los resultados son inobjetables y la elección se desarrolló limpiamente. Sería de suponerse entonces, que los candidatos derrotados aceptarían los resultados electorales y que reconocerían de inmediato el triunfo del candidato A. Pero no, y antes al contrario, demostrándonos que este país no ha madurado políticamente y que todavía dependemos de los caprichos de los caudillos.
Sigamos con el ejercicio imaginario para ver lo que sucedió después: El candidato B, deprimido, desaparece por completo y sus voceros dicen que no se reconocerá el triunfo del candidato A porque su partido se niega a aceptar la derrota hasta que se hayan resuelto todas las impugnaciones, como si todavía alentaran esperanzas después de la paliza que les dieron en las urnas. En cambio, el candidato C se comporta de manera diferente: de inmediato acusa al candidato A y a su partido de haber hecho fraude electoral y conmina y arenga a sus seguidores a lanzarse a la resistencia civil y luego a la acción directa para impedir que el candidato A se convierta en presidente.
Entonces, los partidarios del candidato C se lanzan en efecto a las calles y plazas de las ciudades. Literalmente lo invaden todo ante el estupor de los demás ciudadanos que han sufragado libremente y miran como la autoridad es incapaz de contener la marea humana de la plebe que lo arroya todo a su paso. El candidato C está orgulloso de sus huestes y las exhorta a posesionarse de la capital y a presionar al gobierno, a las autoridades electorales, a las judiciales y al congreso. La plebe se enardece y decide asaltar las tiendas, los centros comerciales, las casas habitación de las familias acomodadas. Para colmo, la fuerza pública, obedeciendo a los amigos del candidato C, se pone del lado de los amotinados y contribuye a la violencia y a los saqueos. El gobierno cede ante la fuerza de los hechos. El candidato A renuncia públicamente a su triunfo, pero el congreso, más asustado aún, declara que su elección fue nula y que el verdadero vencedor de la contienda lo es el candidato C, a quien le entrega la constancia que lo acredita como el próximo presidente de la República.
Terminemos con ya con este dantesco ejercicio imaginario. Sepa el lector que estamos hablando del año de 1828 y no del 2006. Le daré algunas claves más: el candidato A es el general Manuel Gómez Pedraza, ministro en el gabinete del presidente Guadalupe Victoria. El candidato B es el general Anastasio Bustamante, antiguo trigarante y continuador de la obra de Iturbide. El candidato C es el general Vicente Guerrero, predilecto de las clases populares y quien se empeñaba en implantar en México las ideas masónicas norteamericanas. La historia narrada es absolutamente cierta: se le conoce como el â??motín de la Acordadaâ?. Esta fue la manera, ilegal e ilegítima, como Guerrero llegó a la presidencia de la República.
Y luego dicen que la historia no puede repetirse» .
Por José Manuel Villalpando
Abogado e historiador