
No me parece extraño la existencia de una tercera parte de la historia de Shrek. Es más, dudo que existan muchas personas que no conozcan o no hayan visto por lo menos un avance de alguna de sus películas. Shrek es un producto exitoso, tal vez es un concepto un poco infantil, pero no deja de ser por lo menos un buen divertimento ver sus aventuras. Y esa es una buena razón para que existan secuelas de su primer película.
Acabo de ver la útima película de la hoy trilogía de Shrek y no me decepciono. Es posible que eso se deba a que no tenía grandes expectativas al entrar a la sala de cine y por eso la historia simple, los chistes fáciles, los personajes conocidos, un buen soundtrack y un doblaje al español bastante decente me fueron suficientes para sentir desquitado el precio del boleto de entrada.
Shrek Tercero es una buena opción para una película que se deba ver en compañia de niños. Lo interesante del caso es notar que hemos perdido la fascinación y la grandeza de ver una película donde ninguno de los personajes es real. Y cuando digo real me refiero a que ni Shrek, ni Fionna, ni el Burro ni el Gato con Botas son personas del mismo nivel que esas otras celebridades a la que les encanta perseguir a los paparazzis.
Parafraseando un poco a Douglas Copland, se puede decir que: «La noción de que Shrek es una ‘persona’ es un tentador acertijo acerca de qué es ‘real’ y que no».
Por ponerlo simple, Shrek y todo su séquito de acompañantes no son mas que un monton de bits en una computadora. No es una persona a pesar de que lo identifiquemos como tal. Lo peor, no es el primero ni el último actor virtual que veremos en una pantalla de cine. Lo que me llama la atención es que al parecer ya nos acostumbramos a ellos.
Cuando era niño imaginaba «el futuro» como algo misterioso e impredecible. Ahora siento que ya llegamos ahí y de verdad que la realidad es aun mas extraña de lo que pensaba. ¿O a poco no es extraño ver a Blanca Nieves gritando en actitud de combate y lidereando a una multitud de animales del bosque?