Desde el mítico Woodstock hasta el defeño Vive Latino, pasando por Rock in Rio, el extinto Lollapalooza o Coachella en los United, el FiberFib en Benicassim, España, el Glastonbury en Inglaterra o el itinerante y germánico LoveParade entre tantos y tantos festivales de música en vivo.
Si, hablo de música, de conciertos, de rock…, de esos encuentros masivos donde uno entra en contacto directo con muchísimas bandas, donde los precios de una lata de refresco o la comida llegan a la estratosfera (unos de ida y vuelta), donde las zonas de acampar siempre son un desastre y ni que decir de los baños (si es que puedes hallar uno…)
A veces te encuentras desapercibidamente en medio de un alocado círculo de slam (y créanme, con mi estatura eso es un suicidio) o te ves arrastrado por una ola de gente bailando y brincando y no sabes a dónde vas a llegar, el oxígeno se va transformando en una gruesa capa de humo con olor a hierba que te envuelve sin escapatoria.
Te ves con la frustración de correr de un escenario a otro para poder pillar a ese grupo que tanto te gusta, pero ¡cuidado! Mejor ni te muevas de tu sitio, porque la Ley de Murphey se te aplica sin remedio y te pierdes (¡noooo!) a tu grupo favorito.
Pero ¡Dios! ¡cómo valen la pena esas pequeñeces! ¿Quién se puede resistir a ver en vivo y en directo a todos esos artistas reunidos? El retumbar de la música a todo volumen que sale de esos amplificadores que llegan al cielo. El corazón te late a mil por hora, las piernas te tiemblan y tu cuerpo no puede parar de bailar, y uno piensa…: ¡No hay nada mejor en este mundo! Y no lo sé, tal vez no, porque siempre (aunque con el cuerpo todo mallugado) te quedas con ganas de más.
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A los 87 años de edad y a consecuencia de las complicaciones después de una operación de corazón murió el pasado lunes en Fort Laurrdale, Florida, la mayor leyenda del comic Will Eisner.
Son bonitas las tradiciones de estas épocas navideñas, pero creo que muchas veces se desconoce el origen de las mismas y algo que definitivamente no me parece de la iglesia, es que nos maquilla las historias a su placer, así que con este post, quiero ofrecer un análisis personal de los hechos del 6 de enero, sin intención de ofender, ni de hacer cambiar de opinión, ni de religión a los lectores. Simplemente quiero exponer datos relevantes al respecto de esta tradición, para ampliar su acervo cultural.