¡PORNO! ¡PORNO! ¡PORNO!
La sola palabra incomoda a las buenas conciencias y religiones establecidas. Desata las críticas paternas y nos remite en nuestros recuerdos a los tiempos del VHS, antenas parabólicas y revistas bajo el colchón. Siendo un tema tan extenso me propongo dividirlo en varias entregas. Por lo pronto si ustedes me lo permiten, empezaremos con una breve introducción, solamente la puntita de este gran iceberg que es el mundo del entretenimiento para adultos mejor conocido como el porno.
Casi todos los que me conocen saben que me gusta ver pornografía (tanto como a cualquier varón adulto heterosexual con una conexión a Internet de banda ancha). Lo que a veces me confunde un poco son las actitudes y dedos acusadores diciendo:
Pinche Chanate ¡Ves mucha pornografía, eres un enfermo y adicto!
Y digo que me extraña porque igual soy aficionado al cine, a leer hasta en el baño, a la comida, a las computadoras y a los videojuegos, pero aparentemente esas son costumbres menos problemáticas que el porno. ¿Porque se critica tanto a la pornografía? Creo que una de las razones principales es porque tenemos el cliché de que el sexo es algo malo que debe permanecer oculto.
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